Autoestima

Tener un bebé puede cambiar tu forma de pensar sobre la naturaleza humana

La confianza es buena. Las personas con altos niveles de confianza (aquellas que perciben a los humanos como generalmente honestos, amables y confiables) tienden a tener más amigos (Rotter, 1976) y ganan más dinero a lo largo de sus carreras (Stavrova & Ehlebracht, 2016). En otras palabras, confiar en los demás puede hacerte popular y rico. Incluso los economistas, que suelen defender la importancia del interés propio limitado, ven el valor de confiar en los extraños. Los países con altos niveles de confianza tienden a crecer más rápido que los países con bajos niveles de confianza (Zak & Knack, 2001). Pero, ¿cuál es el secreto para ser una persona más confiada? A pesar de décadas de investigación sobre la confianza y su importancia, se sabe poco sobre los eventos de la vida y las elecciones que hacen que una persona confíe más (o menos) con el tiempo.

En un próximo artículo dirigido por la Dra. Olga Stavrova, examinamos el impacto de la transición a la paternidad en la confianza (Stavrova et al., 2022). Convertirse en padre es uno de los eventos de vida más transformadores. Pero se sabe poco sobre cómo la transición a la paternidad cambia la forma en que las personas perciben e interactúan con el mundo social. En nuestra investigación, probamos si ser padre por primera vez lo hace más (o menos) dispuesto a confiar en extraños.

crianza y confianza

¿Cómo afecta ser padre la confianza en los extraños? Investigaciones anteriores respaldan dos predicciones contradictorias: una predicción es que ser padre te hace más atento y menos dispuesto a confiar en extraños. Esta predicción se basa en la idea de que ser padre activa un sistema motivacional general diseñado para protegerse a uno mismo y a los miembros de la familia inmediata. Existe cierta evidencia previa (principalmente de experimentos de laboratorio) que respalda la idea de que los padres generalmente están menos dispuestos a correr riesgos. Por otro lado, otras investigaciones respaldan la predicción de que la crianza generalmente hace que las personas sean más educadas y que el cuidado de los niños tiene efectos secundarios positivos en otras relaciones sociales. Este punto de vista sugiere que la crianza de los hijos hace que las personas sean generalmente más prosociales y positivas con respecto a los demás. Esto significa que la crianza debería aumentar la confianza en los extraños.

Para comparar estas dos predicciones en competencia, examinamos cómo la transición a la paternidad afecta la confianza a lo largo del tiempo en una muestra de adultos en los Países Bajos. Examinamos cómo cambian los niveles de confianza de los padres antes (y en los años siguientes) de la transición a la paternidad (el nacimiento del primer hijo). Es importante destacar que también comparamos la crianza de los hijos por primera vez con un conjunto emparejado de participantes de control. Estos participantes de control eran personas sin hijos que, por lo demás, eran similares a los padres primerizos (por ejemplo, en características como la edad, el estado civil y los ingresos).

El principal hallazgo de nuestro estudio fue que los padres gradualmente se volvieron más confiados después del nacimiento de su primer hijo. El efecto positivo de la paternidad en la confianza a lo largo del tiempo no es un cambio repentino (único). Podría decirse que es probable que estos efectos de la crianza de los hijos aumenten con el tiempo a medida que los padres acumulan más y más experiencias sociales positivas, tanto con sus hijos como con el mundo en general, lo que refuerza que los humanos suelen tener la idea de la bondad (Rotter, 1967).

También probamos si la confianza hacía que alguien tuviera más probabilidades de convertirse en padre. Baste decir que es menos probable que los escépticos del mundo le den nueva vida. Usamos una técnica llamada análisis de supervivencia para probar si la confianza puede predecir la probabilidad de tener hijos (en este caso, «supervivencia» significa no tener hijos). No encontramos ninguna relación entre la confianza y la decisión de tener hijos, aunque sí encontramos que (como era de esperar) los participantes mayores y aquellos con parejas tenían menos probabilidades de no tener hijos.

¿Qué nos hace confiar?

Nuestra investigación plantea preguntas importantes sobre cómo otros eventos y transiciones importantes de la vida afectan la confianza. Otros eventos importantes de la vida, como el matrimonio, el divorcio y la propiedad de un gato, también pueden provocar cambios a largo plazo en la confianza con el tiempo.

La confianza es buena, pero todavía sabemos muy poco sobre cómo cultivarla.

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